A México se le escapa la materia gris
A México se le escapa la materia gris

A México se le escapa la materia gris

‘Y como una vez es casualidad, dos es accidente, y a la tercera, se trata de un patrón, por el mismo tiempo conocí a otro mexicano que estudiaba un doctorado en ictiología’

BERLÍN, Alemania.

Hace unas semanas tomé un vuelo de conexión durante mi regreso a la Ciudad de México. Iba de visita por unas semanas, y por tratarse de un viaje largo venía determinado a dormir el mayor tiempo posible, evitando cualquier plática innecesaria. Sin embargo, al poco tiempo me di cuenta de que mi prometido silencio iba a tener que esperar para el siguiente vuelo. A mi lado venía otro mexicano que se encontraba haciendo investigación postdoctoral en Alemania. Descubrí que era físico y que además teníamos gustos musicales muy similares, por lo que al poco tiempo ya lo estaba bombardeando con todo tipo de preguntas curiosas: desde los detalles de mis episodios favoritos de Cosmos y las fuerzas del universo, hasta qué pensaba sobre la última presentación de los Foo Fighters y otras bandas que curiosamente habíamos visto al mismo tiempo.

Hablamos por un par de horas, y durante este tiempo, me confesó que se había quedado en Alemania después de sus estudios de posgrado porque su sueldo como investigador era muy superior al que podría aspirar en México. Al preguntarle si planeaba regresar al país me compartió que, a pesar de que le gustaría hacerlo, ya está demasiado conectado con su trabajo y que no sabría cuándo podría tener las condiciones para volver.

Lo mismo me ocurrió, meses antes, en una reunión en donde conocí a un joven que acaba de hacer su doctorado en neurobiología, si bien recuerdo la especialidad. Me decía que no planeaba regresar a México porque en Alemania ganaba un muy buen sueldo como investigador, y porque sentía que su trabajo es valorado por la universidad en la que labora. Y como una vez es casualidad, dos es accidente, y a la tercera, se trata de un patrón, por el mismo tiempo conocí a otro mexicano que se encontraba estudiando un doctorado en ictiología –el estudio de los peces, según me explicaba al ver mi incomprensión absoluta–. No me dijo si se quedaría a trabajar en el viejo mundo, pero presiento que lo acabará haciendo dada la diferencia de incentivos que hay entre los dos países para los futuros científicos, sobre todo para aquellos que trabajan en campos
tan específicos.

Estoy seguro de que hay investigadores de primera en México, creo que hacen una aportación admirable al desarrollo del conocimiento. Aun así, aspiramos a poco como sociedad si nuestro sistema educativo se niega a apoyar al desarrollo científico y tecnológico del país. Instituciones como el CONACYT hacen su parte al apoyar a estudiantes para que complementen sus estudios en el extranjero, pero poco pueden hacer contra las oportunidades de trabajo que se les presentan a algunos egresados mexicanos afuera del país.

Por otra parte, las becas del estado mexicano incluso llegan a depositarse a veces hasta con un mes de retraso en las cuentas de los estudiantes: el año pasado un becario creó una cuenta en twitter (y no es broma) bajo el nombre @YaConacyt para informar a otros estudiantes si ya les había caído la lana para su manutención.

Los países desarrollados y algunas economías emergentes sí están entendiendo el mensaje. En 2016 China estaba invirtiendo 2.07 del PIB en I+D1 (el Banco Mundial), mientras que la Unión Europea se ha propuesto elevar la inversión en este rubro a 3% para 2020.

México, a pesar de ser uno de los países que más invierte en educación entre los miembros de la OCDE, palidece en comparación, destinando tan solo 0.55% del PIB a la investigación y el desarrollo tecnológico (el Banco Mundial).

La triste verdad es que a la fecha sencillamente no existen suficientes incentivos o apoyos para que un joven quiera dedicarse a la ciencia en México, por lo que muchos buscan
hacerlo en el extranjero sabiendo que así pueden aspirar a una carrera que premie su preparación académica. Mientras tanto, se nos escapan la materia gris.

Phantom Thread

La última película del director Paul Thomas Anderson Phantom Thread es un deleite para los sentidos. Daniel Day-Lewis y la luxemburguesa Vicky Krieps brillan con actuaciones tan elegantes como los es la banda sonora que le ha compuesto Jonny Greenwood, guitarrista y compositor de la banda Radiohead, a la cinta. Day-Lewis, famoso por quedarse en el papel durante sus rodajes, afirma que será su último rol en la gran pantalla. Razón para correr a verla.

@segunricardo

 

FUENTE Y FOTO TOMADA DE EXCELSIOR

POR RICARDO M. SALAS

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