Donald Trump y sus insultos a países africanos (Artículo)
Donald Trump y sus insultos a países africanos (Artículo)

Donald Trump y sus insultos a países africanos (Artículo)

José Arturo Saavedra Casco señala que el presidente estadounidense “ha mostrado un patético desinterés con respecto a África”.

Por José Arturo Saavedra Casco
El Colegio de México
Entre los frecuentes desatinos y las atrevidas declaraciones a las que nos tiene acostumbrado el polémico presidente Donald Trump, destacaron los supuestos insultos que profirió contra el Salvador, Haití y las naciones africanas en medio de una reunión con legisladores republicanos y demócratas en la Sala Oval de la Casa Blanca el pasado 11 de enero.

Se refirió a ellas como shitholes (Agujeros de mierda) cuando discutía las negociaciones para un acuerdo migratorio bipartidista. Trump hizo la mención cuando afirmaba que el estaría a favor de recibir en los EUA solamente a migrantes procedentes de países como Noruega, redondeando con esto una opinión totalmente discriminatoria y racista. Aunque no existe una grabación del dicho y a pesar de que Trump negó ante los medios decirlo asegurando ser la persona “menos racista que hayan entrevistado,” el testimonio del senador demócrata Dick Durbin y de otros asistentes a la reunión sobre el lenguaje utilizado por el mandatario, junto con frecuentes alusiones públicas, de corte similar, dirigidas a comunidades mexicanas, musulmanas y a los pueblos nativos norteamericanos, no pusieron en duda que esa sea realmente su opinión sin importar cuales fueron las palabras que usó exactamente.

Las repercusiones tanto al interior del país como en el escenario internacional no se hicieron esperar y entre los resultados destaca la reacción de la Unión Africana, el organismo regional más importante, y de la opinión pública de este continente ante este acontecimiento. Dicha reacción ayuda a también a reflexionar acerca de la naturaleza de la política exterior de la administración Trump con respecto a África y los africanos, a un año de cumplirse su llegada al poder.

Al día siguiente de conocerse estas declaraciones, los 54 embajadores de los países africanos miembros de la ONU hicieron una queja formal sobre las aseveraciones de Trump. Por su parte, los gobiernos de Botswana, Namibia, Nigeria, Senegal y Sudáfrica exigieron a las sedes diplomáticas de Estados Unidos en sus respectivos países, una explicación y en su caso una disculpa al respecto.

La Unión Africana emitió, a través de su vocero Ebba Kalondo, un comunicado que resume adecuadamente la opinión y la critica a los insultos proferidos por el presidente norteamericano: “ Dada la manera en que los africanos llegaron a Estados Unidos como esclavos, estas declaraciones van totalmente en contra de normas y prácticas aceptables, y esto es particularmente sorprendente considerando que los Estados Unidos de América permanecen como un ejemplo mundial de cómo la migración dio nacimiento a una nación cimentada en fuertes valores de diversidad y oportunidades. Creemos que declaraciones como esta hieren nuestros valores globales compartidos basados en la diversidad, los derechos humanos y el entendimiento mutuo”.

Entre las múltiples críticas emitidas por analistas destacó el lugar común en el que cayó Trump al generalizar a los africanos como un todo uniforme sin ninguna distinción regional y económica. Generalización que, cabe decir, es común en buena parte de las percepciones que en todas partes la mayoría tiene cuando se refiere al continente. Aunada a la proverbial ignorancia de Trump sobre las culturas y pueblos del mundo, debe añadirse la situación actual de la política internacional de Estados Unidos hacia los países africanos que desde el final de la Guerra Fría ha paulatinamente derivado en una creciente indiferencia.

África ha sido desde el comienzo del milenio un continente relegado en muchos sentidos de la política internacional de los Estados Unidos. Durante las administraciones de George W. Bush y Barack Obama la relación entre la potencia y el continente se centró en aspectos humanitarios, combate a enfermedades como el VIH y el ébola, así como proyectos de inversión y desarrollo, (el más reciente conocido como AGOA, la Ley de oportunidades y desarrollo para África). Esta ley constituye una débil respuesta estadounidense a la férrea presencia económica de la que goza China desde la década anterior. En realidad, el rubro de contacto potencialmente más fuerte, por encima de los dos anteriores es el de la Seguridad, con programas como el AFRICOM donde EUA, la Unión Africanay organismos regionales, así como estados africanos a nivel individual coordinan acciones conjuntas de “Contraterrorismo” como su objetivo principal.

Dada la tendencia del gobierno de Trump de reducir los fondos para apoyo humanitario acorde a su política exterior, y ante la improbabilidad de que el AGOA sirva para fomentar nuevos empleos y apuntalar industrias en los EUA, objetivo prioritario para Trump, el “producto” africano más rentable para vender a su administración es el tema de la seguridad y el “contraterrorismo”.

No obstante, y a pesar de que Estados Unidos sigue manteniendo bases militares a lo largo y ancho del continente y enviando asesores a países donde operan grupos extremistas islámicos como Nigeria, Somalia y Kenia, a un año de asumir el poder, Trump ha mostrado un patético desinterés con respecto a África. En estos doce meses, Donald Trump sigue sin anunciar oficialmente su política exterior hacia la región y ni siquiera ha nombrado al Director de Asuntos Africanos del Consejo Nacional de Seguridad, cuyo puesto sigue vacante. Asimismo, sigue en espera la renovación de personal diplomático en sus representaciones de varios países incluyendo Sudáfrica.

Esta incompetencia administrativa no solo se explica por considerar a África un continente marginal en las prioridades mundiales de los EUA, sino porque Trump a nivel personal ha mostrado desprecio y desinterés hacia los africanos desde antes de llegar a la presidencia como lo muestra la total ausencia de menciones al respecto durante su campaña política previa a las elecciones. Aunado a esto, la publicación electrónica Slate, menciona el testimonio de John O’Donnel ex empleado de Trump quien asegura que éste definió a los africanos como “unos perezosos a quienes solo les importa comer, divertirse y delinquir”. Tampoco debemos olvidar que entre las deportaciones ocurridas en la presente administración se ha expulsado entre 60 y 80 mil africanos procedentes de diversas naciones, muchos de ellos que llegaron de manera legal al país.

Las consecuencias de los dichos de Trump todavía no pueden calcularse debido a que, de un modo u otro, son resultado de los desacuerdos en política migratoriaque en estos momentos tienen paralizado a su gobierno. Tampoco sabemos qué tanto afectará al apoyo que ciertos sectores de la comunidad afroamericana dieron a Trump para alcanzar la presidencia. Lo cierto es que a futuro el panorama de la relación entre países africanos con su gobierno es poco optimista, siendo el tenor de una época donde los problemas de toda índole se ven entorpecidos con gobernantes ignorantes, ineptos e incapaces como el que ahora sufren tanto los Estados Unidos como la comunidad internacional.

 

FUENTE Y FOTO TOMADA DE ARISTEGUI NOTICIAS

POR  REDACCIÓN AN

 

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